La lluvia caía, incesante, fría, alimentada por la fuerza de nuestra rabia. Nos calábamos hasta los huesos, incapaces de movernos, incapaces de pronunciar palabra. Sabíamos que se hacía tarde, pero ¿realmente había oscuridad más oscura que la que ya nos redeaba? A lo lejos, las luces anaranjadas seguían parpadeando, y aquel molesto sonido constante y agudo, hacía eco en nuestras cabezas. Habríamos hechado a correr detrás de él, le habríamos gritado, insultado, pegado. Pero nos dedicamos a quedarnos completamente inmóviles, observando, evitando pensar en su posible significado.Solo su voz rompía el silencio.
-¿Naciste para luchar o para resistir?
No hay comentarios:
Publicar un comentario