Conozco a muchas chicas como tú. Decía. Que solo se preocupan de que ponerse, a que chicos besar y como las verá el resto del mundo. Que se meten con esa y con aquella porque su camiseta no es de marca, o es falsa. Que ponen morritos delante de cámaras y se creen lo más. Que se maquillan hasta para dormir y que solo aspiran a ser conocidas por todo el mundo y que todo el mundo las adore. Y yo las odio. A ellas y todo lo que representan.
Aquel día en el que el mundo dio un giro de ciento ochenta grados. Descubrí lo confundida que estaba al creerte, al quererte, al hecharte de menos. Me bastó un segundo para darme cuenta de que aquella estúpida frase, te pegaba más a ti, que a mi. Me pregunté donde habías dejado tu maleducada forma de hablar, tu personalidad arrolladora, aquellas nike rotas que llevabas siempre. Ya no eras tú, ni siquiera parecido. Te miré fijamente y entendí que para mi, ya no eras ni especial ni genuino, que no me ponias nerviosa, ni me hacías sentir diferente y maravillosamente libre. Que te habías convertido en todo lo que hacía unos meses me habías enseñado a odiar.
Recuerdo cada una de las palabras que te quise decir y que nunca te dije con meridiana claridad.
Conocía a muchos chicos como tú, simplones y previsibles. Con sonrisas de estúpida suficiencia en sus estúpidas caras, todos con el mismo pelo, con la misma ropa, con la misma tonteria. Que dicen vivir al límite y siempre agachan la cabeza. Que donde hay una persona ven un culo. Que solo se preocupan de pillar, de follar y de colocarse los sábados. Que solo quieren que todos les respeten, porque son malotes, y si tienen que sacarte una navaja o pegarte una paliza estando en clara mayoría lo harán. Los odio, a ellos y todo lo que reprensentan.
Vaya somanta de hostias que le acabas de dar al 80% de la población joven jaja.
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